Entry: Forever dead. Thursday, September 01, 2011



She's so dead.
And lonely now.

(No soy adorable)
Me reencuentro con las canciones para suicidarme. Ordenaría mis asuntos y me iría al baño a desangrar.
No tiene sentido. Ya fallecí. Por un amor tan verdadero como mi propia vida.
Se murió y yo con él, es tan simple como eso.
Y volví.
No tiene sentido. Volver a leer esas palabras que me escribió, si ya no está.
Es inútil.
Y es inevitable mi caída en el pasado.
Sí, lo siento. Volví a mis decadencias ebrias, mis no ganas de negarme.
Tengo miedo.
Necesito un consuelo.
Los tengo, debo sentirlo, volví a tener razones para no tirarme de la ventana.
Sé que tengo razones para no abrirme más la piel. Tampoco para llorar.

Pero la muerte me abre las heridas. Y no quiero esparcir lástima nunca más.
Y aún cuando pienso en lo infeliz e insano del amor que ya no existe, era feliz.
Ya olvidé como era ser feliz con tanta certeza.
Olvidé como era sonreír en las micros al ver al resto de la gente, y como al caminar todo parecía tener una razón de ser.
Sí, lo siento. Volví a imaginarme mundos que no existen y a perseguir cariños imposibles (que en realidad ni siquiera quiero).
Es que olvidé la realidad. Poco queda de ella y quiero destruirla.
Por eso es que me refugio en mis palabras extrañas, en mis cuadernos (gracias, por cierto, a mi amor a las páginas vacías y a los árboles que es que no quemo la libreta que me regalaste sin ninguna sonrisa).
Y me escondo en las costras de mis dedos que no soportan separarse de las cuerdas que resuenan en los sentimientos que no pude yo misma describir.
Me permite sonreír, el huir.
No tiene sentido. El hablarle a un cadáver que sólo responde en un orgullo inquebrantable.
Tengo la necesidad urgente de sentir el dulce del aire.
La necesidad desesperada de que alguien sujete mi mano al caminar.
O todo o nada. Qué exigencia.

Que se sepa que el problema ya no es que extrañe.
Ya pasó.
El problema es el vacío que quedó. Que siempre estuvo.
Mi caminar sola. Mi espacio solitario.
Ni siquiera es tanto, pero cuando hay una pequeña falla en el camino, mis ansias de avanzar me trabajan la mente.
Ya me enferman los besos sobrios.
Es tan simple como decir basta pero soy tan sensible a las caricias que sé que no lo haré.

Me detesto. Porque estoy jodidamente muerta.

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